Somos cholxs, dignxs y guerrerxs: #NoSomosPasisanaJacinta

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Nuestro continente ha soportado 525 años de Colonialismo, una opresión sistemática que está plasmada en las múltiples realidades de nuestros territorios.

Un sistema opresor que nos afecta con más dureza a las mujeres campesinas indígenas,amazónicas y afro-descendientes, y de más bajos recursos. Esta es la triple opresión que nos atraviesa el alma cada vez que nos gritan con voz de desprecio, “CHOLA ¡regrésate a la puna!”.

Es el abuso de poder de los  medios, que con total normalidad ridiculizan a nuestra gente y a nuestra cultura, y nos siguen presentando como minorías y extraños en nuestra propia tierra.

Vivimos gobernados por políticas que venden nuestras riquezas naturales al mejor postor, venden nuestra cultura  e  historia ancestral al turismo internacional, con el único fin de enriquecer los bolsillos de unos pocos. Son estas políticas las que oprimen a los hijos e hijas de los sobrevivientes del genocidio más grande en nuestra historia,  la invasión dirigida por el hombre blanco occidental.

¿Qué les espera a nuestras hijas e hijos, si les entregamos una sociedad que les sigue humillando, una sociedad que se burla de su herencia indígena, se avergüenza de sus rasgos cholos, se aleja de la tierra y se aferra a máquinas sin alma?.

Son tantas las heridas que llevamos marcadas en nuestros cuerpos de mujer indígena. Heridas que se convierten en tatuajes de fortaleza histórica, que marcan nuestra continua  lucha y que jamás se resignan.

Son esos ojos achinados que nos miran con ternura y a la vez con rabia, esas trenzas largas que tejen nuestros lazos de resistencia; y las polleras que llenan de color y ritmo las vidas de nuestra historia y actual realidad.

No necesitamos hablar quechua o vestir trajes tipicos para sentirnos cholas. Podemos fusionar nuestra herencia indígena a nuestra vida cotidiana, porque es nuestro derecho construir y recrear nuestra identidad.  Pollera, o no pollera, poncho o no poncho, chullos o no chullos, tatuajes, tenis, en la sierra o en la ciudad somos hijxs de la diáspora.  

No podemos aceptar, ni permitir que sigan ridiculizando y estigmatizando la imágen de la mujer y el hombre de color, que nos presenten como personas sin derechos,  sin educación, sucias, que no saben hablar bien su castellano. Como si no nos llenara de orgullo hablar nuestros idiomas originarios y no aquel impuesto por la colonia.

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Este comediante Jorge Benavides, que interpreta a la Paisana Jacinta y el Negro Mama. Es un hombre blanco, de clase media alta, que se pinta la cara de marrón, se pone una pollera sucia,  trenzas largas y se pinta los dientes negros, con el fin de crear una vil representación de la mujer indígena. Él no es más que la viva reproducción del mismo sistema capitalista, patriarcal, racista y colonial que nos impone estereotipos europeos, el mismo que sigue saqueando nuestros recursos naturales y envenenando nuestros ríos y tierras.  El mismo que desaparece a nuestrxs hermanxs cada vez que se oponen a esta opresión. Ellos son los mismos que llegaron hace más de 525 años.

La paisana Jacinta es la más vil humillación a las formas de vida, de expresión de una mujer campesina, que no hace sino fomentar el racismo que ya está muy presente en todos los ámbitos de nuestra sociedad. Este  impacto social que hace que nuestrxs hijxs  se avergüencen de quién son, y de sus madres; mujeres andinas, campesinas. Es una responsabilidad social de todas y todos el decir no más.

Nosotras no somos la Paisana Jacinta, No somos el Negro Mama.

Nosotrxs somxs lxs que dimos la papa y el maíz al mundo.

Nosotrxs somos la viva herencia ancestral de nuestras culturas milenarias, no tenemos nada de qué avergonzarnos, pero si tenemos mucho de qué enorgullecernos.

¡Nosotros somos la mayoría, originarios de esta tierra!

Nosotros ya no pedimos inclusión, exigimos el reconocimiento de nuestra raza indígena oriunda de este territorio, dueñxs de nuestra historia y nuestro futuro;  y a la vez exigimos los mismos derechos para nuestrxs hermanxs afrodescendientes y sus territorios.

Las mujeres campesinas indígenas en distintas partes de nuestro continente han hecho llegar su voz de protesta y exigen que  ¡paren de flagelar su imagen!

Nosotras, herederas de nuestra cultura indígena, nos unimos desde todos los rincones de nuestro continente y el mundo; mostramos nuestro total repudio y a la vez nos solidarizamos con todas y todos lxs hermanxs que están activamente enfrentando este  ¡racismo sistemático!

¡Levantemos nuestra voz, siempre de pie y nunca de rodillas!

Movimiento Jaguar Despierto